Raúl “Pavito” Vargas: el guardián del Mocoroa que eligió formar hombres antes que campeones

Fue protagonista de una época dorada del boxeo argentino, peleó en el Luna Park y compartió escenarios con grandes figuras del pugilismo nacional. Pero en San Martín, Mendoza, quedó algo mucho más importante que su récord profesional: el recuerdo de un maestro que entendió que detrás de cada boxeador había, primero, una persona.
Mendoza06/10/2026Rolo MorenoRolo Moreno

33f8dd35-028b-4181-89fe-ceb5eb161970

Hablar de la historia del boxeo de Mendoza es hablar de grandes campeones, noches inolvidables y gimnasios donde generaciones de jóvenes aprendieron mucho más que a lanzar golpes.

En ese recorrido aparece un nombre que permanece profundamente ligado al departamento de San Martín: Raúl “Pavito” Vargas, un boxeador que alcanzó los grandes escenarios del país y que, después de colgar los guantes, regresó al Este mendocino para convertirse en formador. Muchos jóvenes y adultos hoy pasan por calle Tomás Thomas casi esquina Remedios de Escalada frente a su casa de dos pisos y no sabe que allí se vistió de historia el pugilismo mendocino. 

Su historia combina sacrificio, talento, grandes combates y una enorme vocación por enseñar.

Porque si algo distinguió al "pavito" no fue solamente lo que consiguió arriba del ring, sino aquello que construyó durante décadas alrededor de un gimnasio y que selló en la historia de otros formadores del box a lo largo de la Provincia de Mendoza.

De San Martín al mítico Mocoroa

Raúl Vargas nació en San Martín, Mendoza, en una época en la que las calles de tierra eran el escenario cotidiano de muchos chicos del Este provincial. En el tradicional Barrio Las Ranas, cuna de grandes anécdotas que el gran locutor de Vendimia y de Radio Galileo , hoy extinto, Rodolfo Manzanarez plasmara en poesía grandes anécdotas de esa barriada, una de las que forjó el centro de General San Martín. 

Desde muy joven encontró en el deporte una posibilidad de crecimiento. El boxeo terminaría convirtiéndose en su gran pasión y, con apenas 17 años, emprendió el camino hacia la capital mendocina para entrenarse en el histórico Mocoroa Boxing Club. Él, como tantos otros muchachos, sabían que el futuro se construía a los golpes, porque las posibilidades para muchos eran muy pocas sino se formaban en el deporte de contacto que tantas alegrías y gloria escribieran en el ring. 

Allí se cruzó con una figura fundamental para el boxeo argentino: Francisco “Paco” Bermúdez. El Mocoroa era mucho más que un lugar donde se entrenaba. Bajo la conducción de Bermúdez se convirtió en una verdadera escuela de boxeo, donde la técnica, la disciplina y la formación humana tenían el mismo peso que la preparación física.

Alguna vez se le preguntó a Bermúdez qué encontró en Vargas.  "Condiciones especiales" aseguró. Dos palabras para hablar de la velocidad, movilidad, técnica que lo llevaron a transformarse en uno de los exponentes del boxeo mendocino de aquella época. Con escazas redes sociales y archivos escritos, es muy difícil indagar la trayectoria, pero algo se encuenta. 

La inolvidable estrella del Luna Park

Entre las páginas más importantes de la carrera de “Pavito” Vargas aparece una noche que quedó registrada en la historia del boxeo argentino. El 5 de julio de 1955, Vargas se presentó en el templo del box para enfrentar a Alfredo Bunetta, uno de los nombres importantes de la categoría.

El mendocino salió a buscar el combate desde el primer campanazo y protagonizó una pelea de enorme intensidad. El desenlace llegó en el décimo asalto, cuando Bunetta fue descalificado luego de propinarle un cabezazo a Vargas.

La victoria quedó para el boxeador sanmartiniano, que había demostrado su valentía en uno de los escenarios más importantes del país. Aquella noche, el nombre de Raúl “Pavito” Vargas quedó todavía más instalado entre los grandes protagonistas del boxeo nacional. Aunque es cierto que si bien la popularidad se conseguía rápidamente en esa época de oro, los historiales y la volatilidad estaban a la orden del día, y a la semana siguiente era otro el título del tradicional magazine El Gráfico o los deportivos de Clarín y La Nación. 

vargas

Una trayectoria de 68 combates

Vargas desarrolló una extensa carrera profesional entre 1953 y 1963, enfrentando a algunos de los mejores boxeadores de su generación.

Según los registros históricos de su trayectoria, disputó 68 combates profesionales, con 32 victorias, 13 derrotas y 23 empates. Su campaña incluyó 10 triunfos por nocaut y enfrentamientos ante figuras como Abel Laudonio y Ernesto Miranda.

🥊 Los números de Pavito Vargas

  • 68 combates profesionales
  • 32 victorias
  • 13 derrotas
  • 23 empates
  • 10 triunfos por KO
  • Actividad profesional: 1953-1963

“Primero está el hombre”

Conocí a "pavito" por mi papá, Raúl Moreno, "el canco" le decían en San Martín. También oriundo del barrio Las Ranas.  No tenían una amistad pero cada vez que pasaba por la fachada de su casa estaba pavito limpiando con una escoba o pasando el lampazo de sus rojas baldosas. Él me miraba y me decía de manera real pero graciosa: "ya vas a venir a hacer guantes al pavito así bajás la panza". El pavito le contestaba "Veni gordito te voy a sacar bueno. Acá te vas a descargar y vas a formar la cabeza para ser una buena persona. Las buenas personas no pelean fuera del cuadrilátero", me decía. 

Debe haber tenido ya un edad longeva, o yo, por mi niñez, lo veía muy grande. La cosa es que nunca fui a entrenar pero esa escena era una repetición casi mensual por muchos años que pasábamos frente a su casa, caracterizada por unas rejas blancas que limitaban la vereda de su pequeño pero completo gimnasio y hogar personal. 

Después de su carrera como boxeador, Vargas regresó a San Martín y comenzó una nueva etapa que terminaría siendo todavía más trascendente. Convertido en entrenador, puso sus conocimientos al servicio de las nuevas generaciones y trabajó en el  Atlético Club San Martín.

Allí comenzó a construir otro tipo de legado.

Para “Pavito”, el gimnasio no debía ser solamente un lugar para aprender a boxear. También tenía que ser un para aquellos chicos que ser mejores personas y que periodistas de la época de la radiodifusión del Este de Mendoza como Ángel Biaggini, el Sargento Moral o Pichi Morales lo describieron como un entrenador que "primero estaba el hombre y después el boxeador". Sobre todo en ese rubro donde los pibes venían a revalidad en un combate de hombres, aquellas enseñanzas forjadas por el dolor de la violencia doméstica, el alcoholismo y las "malas juntas".

 El verdadero legado de Raúl Vargas

Raúl “Pavito” Vargas murió el 22 de marzo de 2003, a los 71 años. Su partida fue despedida por el mundo del boxeo, pero especialmente sentida en San Martín, donde su figura había trascendido largamente los límites del deporte. Dejó alumnos, recuerdos, historias y, sobre todo, una manera de entender el boxeo.

Y en San Martín, el nombre de Pavito Vargas todavía representa eso: el boxeador que llegó al Luna Park, el discípulo de Paco Bermúdez y, fundamentalmente, el hombre que eligió formar personas antes que campeones.

Te puede interesar
Lo más visto